“El Señor de los Anillos” vino después de “El Hobbit” como una especie de continuación, pero con una construcción, geográfica y moral, muchísimo mayor. Tolkien tardó doce años en escribir su obra magna, y otros tres años en revisarla. Era conocido por ser muy perfeccionista.

El propio Tolkien afirma: “El Señor de los Anillos está escrito con la sangre de mi vida”. Fue justamente gracias a esa gran entrega, que logró dejar una gran marca, y no sólo en el aspecto comercial (“El Señor de los Anillos” se posiciona entre los diez libros más vendidos de toda la historia), sino que nos ha regalado una historia que cuanto más uno la lee, más significados logra sacar de ella.

Contiene cientos de enseñanzas aplicables para nuestras vidas. En este artículo veremos diez de ellas, que han cambiado la vida de tantos lectores.

1. La importancia de los pequeños

Tolkien nos enseña que cada persona tiene una misión, un llamado a la grandeza. Todos nosotros somos hobbits, seres pequeños sobre hombros de gigantes.

A veces no entendemos qué es lo que tenemos que hacer en nuestra vida, sentimos que desencajamos al lado de los grandes héroes o sabios, y parece no tener sentido que haya realmente una misión que tengamos que cumplir ¡Somos tan insignificantes!

Pero los hobbits nos muestran que, más allá de los peligros, los miedos y las dudas, siempre hay en nosotros más de lo que cualquiera espera, e incluso más de lo que nosotros mismos pensamos. Todos tenemos una semilla… sólo hay que hacerla germinar.

2. Ver la belleza y la bondad, aún en medio del dolor

Es cierto que el mundo está colmado de peligros, y que hay en él muchos sitios lóbregos, pero hay también muchas cosas hermosas, y aunque en todas partes el amor está unido hoy a la aflicción, no por eso es menos poderoso…

J.R.R.Tolkien

Diariamente nos rodean las aflicciones, los dolores, las catástrofes, las tragedias… A veces pareciera que el mundo es una gran basura, que todo es una porquería y que la alegría es una mera ilusión, como algunos afirman.

Pero Tolkien nos recuerda que hay muchas cosas hermosas como contraparte de las malas, para todo Mordor existe un Valinor o un Lothlórien, y esas cosas bellas terminan siendo a la larga más poderosas.

Ya lo decía Dostoyevski: “La belleza salvará al mundo”. Debemos abrir los ojos a ella, aunque muchas veces resulte difícil. Porque al fin y al cabo, si vives sin belleza, sin bondad, sin alegría… ¿Qué sentido tiene tu vida?

3. La lucha contra la tentación

El Anillo Único de Sauron, que Frodo tiene la misión de cargar, es seductor, de bella apariencia y susurra a los corazones de quienes están cerca de él para que lo reclamen, para que lo usen, pero en realidad es el Anillo el que busca usarlos a ellos con el fin de encadenarlos, atarlos en las tinieblas. La lucha es constante, y la única forma de deshacerse del Anillo es teniendo fortaleza hasta el final del viaje, hasta que sea destruido.

Aunque la obra de Tolkien no es alegórica, podemos decir que, al igual que el pecado, tenemos sólo dos posibles destinos: o lo cargamos para destruirlo, o dejamos que él nos destruya a nosotros. Como dice también el autor: “Sólo se habla de los que perseveraron hasta el fin”.

4. El valor de la amistad

Nadie se salva solo, eso es algo que el autor quiere dejar claro. Podemos apreciar en la historia cómo la amistad entre los personajes, como la de Sam y Frodo, lejos de debilitarse, se va engrandeciendo y volviendo más fuerte con las dificultades.

Tener amigos es una bendición, un regalo, una riqueza para la cual ningún hombre es tan pobre como para no poder aspirar a ella. Recordemos: “los envió de dos en dos” (Lc 10,1). La amistad, en tiempos de conflicto, es lo que salva al mundo, motivada por un poder antiguo, místico, muchas veces olvidado: el amor.

5. La defensa de la vida

Muchos de los que viven merecen morir, y muchos de los que han muerto merecían la vida ¿Puedes devolverles la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el final de todos los caminos

J.R.R.Tolkien

Vivimos en tiempos funestos, donde la muerte se multiplica y propaga por diversos medios, bélicos e ideológicos. En medio de la ignorancia y el odio la muerte se hace paso, arrancando almas con su afilada hoz.

Pero como también dijo Tolkien: “Donde hay vida, hay esperanza”. Aprendamos a defender la vida para revitalizar así la esperanza de un mundo mejor, en donde no se lleven a cabo guerras ni genocidios.

No basta con sostenerlo como una reflexión moral, es necesario hacerlo carne. Es necesario luchar.

6. ¡Estamos dentro de una gran historia!

¡Debemos mantener el hobbitismo en nuestro corazón! Esto significa entender una realidad fundamental: que aunque seamos hobbits, seres pequeños y olvidados por el mundo, formamos todos parte de algo más grande.

Las manos de Dios tejen un telar que no podemos comprender, pero logramos ver que sus hilos nos atan a una misión determinada. El mismo que creó las montañas, los valles, los planetas, nos vió a cada uno de nosotros, uno por uno, y dijo: “Si, el mundo lo necesita también”

¡Estamos dentro de una gran historia! Sólo debemos discernir cuál es nuestro papel en ella.

7. La importancia de las decisiones

No podemos elegir los tiempos que nos tocan vivir. Todo lo que podemos hacer es decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado

J.R.R.Tolkien

Nuestro llamado personal implica un camino que debemos elegir seguirlo, voluntariamente. El libre albedrío es una cuestión fundamental.

No elegimos nacer, no elegimos los dones que nos han sido dados, no elegimos ser quienes somos, no elegimos tener la misión que tenemos, no elegimos bajo qué circunstancias nos toca vivir.

Y como el protagonista de una novela, eso es lo que vuelve a nuestra vida una aventura, porque podemos elegir qué hacer con lo que nos ha sido enviado. No elegimos que Gandalf nos toque la puerta, pero sí podemos elegir abrirle o no. La grandeza nos espera al final del camino, pero debemos decidir ¿Estamos dispuestos?

Debemos para esto tener el coraje de Frodo: “Yo llevaré el Anillo a Mordor… aunque no sé cómo”.

8. Tener Esperanza en las dificultades

La esperanza es una paradoja santa: esperar que todo va a terminar bien, cuando todo señala que va en sentido contrario.

Pero ¿Quién es tan sabio como para tener certeza acerca del catastrófico mal? ¡Todo indicaba que Sauron iba a triunfar! Y sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, la esperanza logró florecer, y gracias a la lucha que ella engendró, el Señor Oscuro cayó.

¡Cuánta esperanza nos falta en estos días! Tolkien nos recuerda que una “resistencia” dirigida al mal, sin una esperanza establecida en el bien, no es una resistencia real, solamente es un berrinche estéril.

9. El camino ascendente

Orcos o no, si es el único camino, tendremos que ir por él

J.R.R.Tolkien

Los atajos conducen al abismo, el único modo de llegar a la grandeza es por el Camino (con mayúscula), el difícil, que va cuesta arriba, lleno de obstáculos que lo hacen sentir interminable (pues ciertamente, aunque tiene un fin, corto no es).

El único modo de alcanzar la santidad y la grandeza es por el camino largo, el único modo de llegar a Mordor es a pie (y no, las águilas no son una opción ¡No son taxis!).

10. La entrega total a la Providencia

El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica; de manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión

J.R.R.Tolkien

Al principio hablamos de que la obra de Tolkien no es alegórica, pero eso no la excluye de la simbología religiosa. El mismo autor lo expresa en esta cita, tan sólo hay que observar más allá de las apariencias mitológicas.

La Tierra Media es pagana, cierto, pero Ilúvatar se encuentra allí, presente de algún modo. La aventura de “El Señor de los Anillos” pierde su sentido si se olvida esta última y esencial enseñanza: es necesario entregarse a la Providencia, a los planes elevados y misteriosos que están fuera de nuestro alcance y entendimiento.

Aunque sea de una forma pagana, depositando las esperanzas en los pequeños hobbits o en la sabiduría de los Valar, de una forma u otra se está dejando todo en manos de la Providencia: de que las cosas van a salir bien o, por lo menos, resultarán dignas de obtener un “final digno de una canción”, aunque todo amenace con caer en la perdición y el olvido.

Nosotros como católicos, conociendo a Cristo, debemos entregar todo a Él. Todos nuestros esfuerzos, todos nuestros planes, todo nuestro ser.

Y una vez hecho eso, nosotros, los pequeños hobbits, nos encontraremos haciendo cosas que considerábamos imposibles. Dios no nos pide que ganemos sino que luchemos ¡No tenemos nada que perder, pero todo el Cielo por ganar!

Si lográramos apropiar estas enseñanzas en nuestras vidas, y todas aquellas otras presentes en la obra de Tolkien, este sería sin duda un mundo más feliz.

Thiago R. Harispe

Publica desde febrero de 2022

Aunque la aventura sea loca, intento mantenerme cuerdo. 18 años. Argentino. Estudio letras. Miliciano de Fasta, Ruca Nehuén. Intento poner mi corazón en las cosas de Dios. Cada tanto salgo de mi agujero hobbit y escribo cosas.