Estamos acostumbrados a oír que Jesús ha sido crucificado… vemos un Cristo con la cabeza gacha, con el cuerpo totalmente lastimado, atravesado por una lanza y una corona de espinas en su cabeza. Un Dios totalmente vulnerable, una imagen un poco perturbadora dirán varios, pero nos hunde en el misterio de la Pasión, que como dije en su momento, no se entiende sin lo que luego sucede.

Dios prometía a los judíos exiliados, por medio del profeta Isaías (cf. Is 65,17-18), que iba a restaurar su gran ciudad de Jerusalén, destruida mucho antes. Esta era la promesa de Dios a los exiliados – que volverían a su hogar, y que vivirían en su gran ciudad de nuevo. Las cosas anteriores – el exilio en Babilonia – pasarían a una memoria distante para que pudieran disfrutar de su nueva libertad.

Luego Pedro usó palabras parecidas cuando dijo, “Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus promesas, en los cuales mora la justicia” (2 Pe 3,13). Juan, en el libro del Apocalipsis, adapta este lenguaje para hablar de la ciudad celestial – el Nuevo Jerusalén – el nuevo hogar de los fieles. Juan la ha visto y la describe para tranquilizar a estos cristianos fieles que han pasado adversidades. Necesitan oír que Dios corregirá las cosas: “Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva” (Ap. 22, 1)

De esta nueva ciudad Juan dice:

No entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero. Ap. 21,27

Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán. Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes. Ap. 22,3-4

En el versículo 1, vemos que Juan logra ver un cielo nuevo y una tierra nueva, “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5). Nos deja claro que es Él quien le da sentido a todas las cosas, Él es quien renueva las maneras de ver todo aquello que tenemos en frente.

Él mismo en el versículo siguiente nos dice “Al que tuviera sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente” (v.6). El agua es la sustancia de la vida. El agua es totalmente necesaria y apreciada por todos, sirve para hidratarse y para bañarse, para la salud, la higiene y la comodidad. El Antiguo Testamente describe a Dios como el pastor que “junto a aguas de reposo me pastoreará” (Sal. 23, 2) y como “fuente de agua viva” (Jr 2, 13 ; 17,13), Jesús mismo le dijo a la mujer en el pozo que él ofrecía “Agua viva” (Jn 4, 10), también dijo “si alguno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mi, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre” (Jn 7, 37-38; cr. Is 12, 3; 55, 1; 58, 11; Zac 14, 8).

Dios renueva todas las cosas, hace unos días escuché a un sacerdote decir lo siguiente:

La cruz antes era un símbolo de muerte, Jesús ha transformado ese signo de muerte en signo de victoria, en un signo de vida. Pbro. Cesar Garcés, Presidente de Fasta

Y con esto vuelvo al comienzo del artículo, la Pasión de Jesús no se entiende sin su Resurrección, así como Dios ha hecho nuevas todas las cosas materiales, observables, también resignifica con Su muerte la nuestra. Nos vuelve a prometer algo: que seremos resucitados.

Podrás decir: ¿Qué es esto? No lo entiendo, me sobrepasa, me anonada. ¡Sí, debes anonadarte! Debes quedarte en el éxtasis de la contemplación del misterio.

Trataré de sintetizar en base a una homilía escrita por el P. Fosbery, a lo que me refiero…

¿Has tenido alguna vez la experiencia del gozo de la verdad? ¿Has tenido alguna vez el gozo fugaz del bien? ¿Has sentido palpitar tu corazón en el bien alguna vez? ¿Te has quedado alguna vez absorto ante la belleza? ¿Tu espíritu ha sido cautivado y seducido por la belleza de las cosas creadas? ¿Y tus sentimientos? ¿Y tus amores, y tus gozos, y tus alegrías? Seguro que sí. Pues mira, esa experiencia, ese fugaz éxtasis de tu inteligencia, ese gozo del bien, esa alegría del corazón, ese fervor del corazón, eso que te ha cautivado de las cosas creadas, todo eso plenamente realizado, infinitamente desplegado, puesto en el misterio glorificador de la gloria de Dios, eso es la resurrección.

¿Qué significa esto? Es algo así, como si toda la fuerza de tu inteligencia, y de tu conocimiento, se situara definitivamente en el misterio insondable de Dios, y su Revelación. P. Fosbery, Fundador de Fasta

Tu cuerpo será transfigurado por la fuerza del Espíritu, radiante, ágil, sutil, eso es la resurrección. Y eso, será tu cuerpo. Así lo enseña el Apóstol, así lo proclama la Iglesia (1 Co 15, 42-53). Y así como dice el salmista: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42, 1-2). Busquemos incesantemente a Dios, que nuestro corazón esté inquieto hasta que se encuentre con Él, para que nos resucite y haga nuevos nuestros corazones.

Gabriel M. Acuña

Publica desde marzo de 2020

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Argentino. Estudiante de Psicología. Diplomado en liderazgo. Miembro de Fasta. Consigna de vida: "Me basta Tu gracia" (2 Cor 12, 9). Mi fiel amigo: el mate amargo. Cada tanto me gusta reflexionar y escribir, siempre acompañado del fiel amigo. ¡Totus Tuus!