¿Por qué nos escondemos vanamente (como nuestros Primeros Padres en los arbustos del Edén) entre superfluos placeres? ¿Por qué nos perdemos entre laberínticas preocupaciones?

¿Por qué nos dejamos encerrar por el mundo y nos alejamos de Ti? ¿Dónde estás, Señor? ¡Ay! Se vuelve a repetir el sentimiento, el repentino espanto de ver el sepulcro vacío: ¡Se han llevado al Señor! El mundo se lo ha llevado y no sabemos adónde lo han puesto.

En la cruz ¿fue Cristo quien murió o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh, qué muerte que mató a la muerte! San Agustín

Pero se acercan los seres celestiales y vuelven a decirnos, ¡Hoy, Señor, en el día más bendito!, que nadie ha interrumpido tu descanso.

Eres sólo Tú que has resucitado y a quien nadie puede retener el paso. A la derecha del Padre, rodeado de imperdurable gloria y belleza, Tú, descoronado, vuelves a ser Rey.

¡Y nos miras con amor a cada uno, individualmente, exclusivamente, y sonriendo nos dices nuestros nombres! ¿Cómo puede ahora teñirse la muerte de un oscuro espanto?¡Si nuestro mismo rey ha vuelto de la tumba!

¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

Lucas 24 1, 5

¿Qué rey, incluso el más noble, es capaz de hacer esto? Muchos son los monarcas que bajan siendo hombres al campo de batalla, pero ¿acaso han visto a alguno que haya bajado a ser hombre?

Muchos son los que entregan su vida para obtener la gloria, pero ¿acaso alguno la ha entregado para perderla y compartirla?

Muchos han muerto, ¿alguno ha resucitado?

Muchos han atravesado veredas, ¿alguno de ellos era el Camino?

Muchos eran sabios, ¿alguno de ellos era la Verdad?

Qué belleza, Señor, qué belleza… ¡Qué locura, qué demencia, qué encanto! ¿Quiénes somos, Señor, para acaso ser dignos de contemplar esto? ¿Qué hemos hecho para merecer tu Misericordia?

¿Cuántas veces, por ejemplo, me has abrazado y te he empujado? ¿Cuántas veces me has levantado y he caído?

¡Me abriste tus brazos en la Cruz como el Padre Misericordioso, y yo te escupí en la cara! Me has ofrecido perdón, y yo he repartido tus túnicas..

Pero tú eres el más glorioso de todos, Señor, porque te vuelves a entregar ¡Sagrado cordero! como en cada Misa, y como hace ya tanto tiempo, vuelves a resucitar ¡Y tu amistad así también lo hace!

Que nadie se arrepienta de haber caído una y otra vez, porque el perdón ha resucitado de la tumba. San Juan Crisóstomo

¡Benditos sean los varones, porque el Nuevo Adán, Cristo muerto y resucitado, los ha liberado del barro pecaminoso!

¡Benditas sean las mujeres, porque la Nueva Eva, María Santísima, les trajo un Salvador que ha sanado sus culpas!

¡Bendita sea la corona de espinas, porque hace más gloriosa la Corona de la Vida!

¡Bendita sea la filosa lanza, porque nos ha otorgado fuente inagotable de sangre y agua divina!

¡Benditos sean los látigos, los clavos y la Santa Cruz, porque han transformado el dolor de la muerte en el gozo de la vida!

¡Benditas sean sus llagas, porque por ellas hemos sido sanados!

¡Bendito sea el Señor, ha resucitado!

Thiago R. Harispe

Publica desde febrero de 2022

Aunque la aventura sea loca, intento mantenerme cuerdo. 18 años. Argentino. Estudio letras. Miliciano de Fasta, Ruca Nehuén. Intento poner mi corazón en las cosas de Dios. Cada tanto salgo de mi agujero hobbit y escribo cosas.