Con el domingo de resurrección la Iglesia da inicio a un nuevo tiempo litúrgico conocido como el tiempo de la Pascua. La Pascua es el misterio central de la fe cristiana, pues es en ella en donde los cristianos conmemoran la resurrección del Hijo de Dios al tercer día de su crucifixión. Con el primer domingo de pascua se da conclusión a la Semana Santa y se emprende un camino, ya no con un Cristo crucificado ni muerto, sino con un Cristo resucitado que no vuelve a morir, sino que vive para siempre. Es en la Pascua donde reside la belleza de la fe cristiana, la certeza de la vida eterna, pues como dice la primera carta a los corintios: «Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes».

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti manda.

SECUENCIA PASCUAL

Personalmente, en mis tiempos de oración, me gusta pensar en cómo se hubieran sentido los discípulos tras la Resurrección del Señor. Quizás era extraño para ellos ya no compartir con su Maestro como antes, verle, tocarle, oírle; pero muy en el fondo ellos sabían que la presencia del Resucitado iba con ellos y les acompañaría por el resto de sus días. Algo similar a lo que pasó con la Asunción de nuestra Señora, en donde los discípulos no estuvieron tristes por la “partida” de la madre de su Señor, sino que estuvieron alegres al saber que ahora tenían una poderosa intercesora al lado del Padre eterno.

 Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de la historia.

SAN MATEO 28, 20

Cuarenta días después de la Resurrección, Jesús asciende al cielo para encontrarse con su Padre. Pero antes de “irse”, le asigna a sus discípulos la tarea de anunciar a todas las naciones la buena nueva de la salvación. La belleza de esta tarea sigue siendo vigente para nosotros, los discípulos del Señor en la actualidad. Somos nosotros los que ahora tenemos la tarea de anunciar a un Cristo resucitado, que es la encarnación de la misericordia del Padre. Seamos nosotros, en un mundo de muerte, los testigos de la Resurrección. Cristo cuenta con nosotros. Cristo nos envía y el mundo nos necesita, proclama un dicho de la sabiduría popular.

Id, pues, y haced que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautizadlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo lo que yo os he encomendado.

SAN MATEO 28, 19 – 20

Hermanas y hermanos: El mensaje que quiero dejaros a través de este artículo es que la Pascua no es sólo un tiempo litúrgico; la Pascua es un estilo de vida. No podemos quedarnos solamente en la cruz o en el sepulcro; hay que dar el paso con el Señor, pasar a la resurrección. Somos nosotros los que ahora debemos gritar al mundo que hay un Dios que nos ama tanto «que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna». Sólo en Cristo resucitado está la belleza de la Pascua, pues no hay cruz sin Cristo ni Cristo sin cruz. Pidamos a Cristo resucitado, quien derrotó la muerte y el pecado, que nos conceda la gracia de cumplir a cabalidad nuestro compromiso pascual. Que así sea.

John Sergio Reyes León

Publica desde julio de 2020

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Soy un joven de 18 años de edad nacido en Bogotá pero residente en Medellín (Colombia). Estudio inglés, soy comunicador parroquial y aspirante al seminario. Sigo el ejemplo de los evangelistas al relatar la buena nueva que Dios ha hecho en mi vida. Ahora no hablo yo, es el Espíritu Santo el que habla en mí.