Antes de leer el artículo, quisiera que escuchases atentamente y con todo el corazón la siguiente canción: https://www.youtube.com/watch?v=xjBtQtiLoOI

¿Qué pasaría si llega un extraño a tu casa, se baja de un vehículo sumamente lujoso, te da las llaves y te dice que es un regalo, que puedes quedártelo si lo quieres? ¿Acaso no te sorprenderías mucho?

Imagino que preguntarías algo como: ¿para mí?, ¿qué hice para merecerlo?, ¿por qué a mí?

Puede que en tal circunstancia nos sintiéramos no merecedores de algo con tanto valor, de semejante regalo

Hermano, con la gracia de Dios, que vale muchísimo más que un vehículo, ocurre algo similar, pero la contradicción está en que más de una vez nos vemos “merecedores” de ella, como si el Señor estuviese obligado a darnos sus bendiciones, o por lo menos como premio por “nuestros méritos, nuestro correcto obrar”.

En cualquiera de los dos casos, nos estamos olvidando el significado mismo de la palabra gracia, del latín “gratia” que significa benevolencia, favor o beneficio que se recibe sin ningún tipo de merecimiento. https://www.tolkian.com/vida-interior/la-gracia-de-dios/

La gracia es el don de Dios que eleva la criatura racional a lo sobrenatural, haciéndola hija Suya y partícipe de su Vida.  Es fundamental para alcanzar la salvación. Por ella, Dios puede dar algo sin nada a cambio, ya que para alcanzar la misma el hombre nada puede hacer por sí mismo. Este regalo de Dios llega por medio de la fe y, la aceptación del sacrificio que Jesús hizo por la humanidad.

La gracia es un don gratuito concedido por Dios a pesar de no merecerlo, con el objetivo de vivir bajo sus mandamientos y llegar a la Casa del Padre, alcanzar la Vida Eterna.

Escuchamos decir, y nosotros mismos lo podemos pensar: “yo merezco tal cosa”, “he hecho todo bien y no me lo reconocen”, “es injusto porque soy buena” y frases similares que manifiestan la visión que tenemos de nosotros mismos y la consideración de lo que esperamos del resto.

Respecto de Dios, Creador y Rey de todo cuanto existe, nada somos, nada merecemos, nada podemos, nuestra vida es polvo y pecado. En su Amor somos y podemos; por su Misericordia nos abrió las puertas del Cielo y nos conduce por el recto camino, para que tengamos Vida en abundancia.

Es su Gracia la que nos trasforma, la que nos hace hijos y herederos (por el sacramento del Bautismo). Nosotros no podemos tener siquiera un buen pensamiento o deseo sin la gracia divina.

Tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. Romanos 8, 38-39

Incluso las buenas obras que podamos hacer, los anhelos más nobles, los pensamientos más puros y generosos, son don de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Todo el tiempo el Señor nos llena de regalos. Nos brinda su Amor y Gracia para cumplir fielmente el deber de estado, para ayudar a los hermanos, para formarnos, para gozar de un paisaje bello, para descansar luego de un día agotador, para divertirnos en una reunión familiar, para ser buenos hijos, hermanos, amigos, novios, esposos, madres, padres, y la lista continúa…

Es que la gracia de Dios está presente en todo momento, aunque no la merezcamos, aunque olvidemos que “es conforme a su bondad y no por nuestros méritos”.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:5

Por regalo y deseo del Creador nacemos, crecemos, respiramos, vemos, oímos, gustamos, sentimos, comprendemos, podemos comunicarnos, nos relacionamos, inventamos cosas, se forman familias, hay temperamentos diversos, talentos particulares y formas de ser únicas…

Por deseo del Hacedor existen los bellos colores, innecesarios estrictamente pero que embellecen el mundo de un modo único, los aromas, los irrepetibles atardeceres, el cielo bañado de estrellas, el calor del sol, las sublimes montañas, tenemos agua, plantas y animales…

Porque Él lo quiso existe la risa, el amor, la felicidad, la amistad, la belleza, el arrepentimiento, las personas que están a nuestro lado…

Por su gracia nos dio el alma, el don de la libertad, los sacramentos, nuestra Madre María, la ayuda de los santos, su padre terrenal San José, busca alejarnos del pecado y de la muerte eterna en el infierno (si se lo permitimos, porque respeta nuestras decisiones).

Porque nos ama infinitamente, si hay sincero arrepentimiento y propósito de enmienda, nos perdona; nos busca, nos espera a pesar de nuestros olvidos, nuestras ofensas e ingratitudes, que en más de una ocasión nos hace merecedores del peor de los castigos.

¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:

con la alabanza de los niños

y de los más pequeños,

erigiste una fortaleza contra tus adversarios

para reprimir al enemigo y al rebelde.

Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies:

todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas.

¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Salmo 8. La grandeza de Dios y la dignidad del hombre

Y la pregunta clave: ¿quién de nosotros merece estos infinitos regalos del Creador Todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto existe?, ¿quién de nosotros tiene tantos méritos que pueda decir a Dios: yo lo merezco, yo te merezco, mis manos están llenas de buenas obras?

Toda nuestra vida es contemplada por el Señor, y nada acontece que Él no tenga previsto desde toda la eternidad, como decía santa Teresita. Miremos lo que nos ocurre, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo doloroso, con los lentes de Dios, como gracia suya, comprendiendo que lo permite porque ve el todo, y no sólo una parte. Pidámosle que nos ayude a conocer, amar y cumplir su santa voluntad, a vivir en sus caminos, como María Santísima.

El amor puro es capaz de grandes empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades, si el amor es fuerte a pesar de grandes dificultades, también es perseverante en la vida cotidiana, gris, monótona. Sabe que, para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir hacer las cosas más pequeñas con gran amor, amor y siempre amor. Santa Faustina Kowalska

Cuanto hagamos de bueno, agradezcámoslo y ofrezcámoslo, para que vuelva al Eterno y nos santifique, nos trasfigure, nos haga semejantes a Aquel que es el supremo Bien, la Verdad y la Belleza.

Meditemos esto… el Amor de Dios es tan grande que no puede pasar desapercibido, y ya que amor con amor se paga, tratemos de vivir amando. ¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.