Estamos acostumbrados a mirar mucho sufrimiento, a escuchar todo el tiempo cosas malas, desastres naturales… estamos avasallados por noticias realmente desalentadoras, y además no nos damos cuenta, pero muchas veces esto condiciona nuestra manera de ver la vida.

Esto hace que me remonte a un pasaje muy conocido por todos, el de Jesús andando sobre el mar.

Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.» Jn 6, 16-20

Observamos dentro de este Evangelio que “había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos” (v.17). Notamos que la oscuridad de la que habla es más que una falta de luz, quiere señalar algo que es malo, peligroso. El relato prosigue de esta manera: “soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse” (v.18), es decir, el mar comenzó a soplar muy fuerte, y esto hace del mar un lugar peligroso para los que están en un barco pequeño; esto es un indicio de que su travesía no sería nada fácil.

Hasta el momento tenemos a unos apóstoles confiados, aún no se menciona nada respecto al miedo, ¿Cuántos de nosotros nos sentimos confiados al principio frente a los desastres que hay alrededor? ¿Cuántos creen que pueden con todo por sus propios medios?

Sigamos… “Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios” (v.19), investigando un poco el mar, (verdaderamente un lago bastante grande), ya que mide 8 millas (13 kilómetros) de este a oeste en su punto más ancho y unas 13 millas (21 kilómetros) de norte a sur. Es decir, que aquí los discípulos se encuentran en medio del lago. Han remado en la tormenta una distancia considerable, pero aún les queda bastante distancia para llegar a donde van. El grupo incluye pescadores de mucha experiencia que seguramente ya han pasado por tormentas en el lago. Mientras que el texto no dice que tuvieran miedo, quien sea que haya enfrentado una tormenta en medio de un gran lago puede apreciar lo que discípulos confrontan, el peligro que la tormenta les presenta.

El Evangelista nos cuenta que llega un momento en que “ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo” (v.19b); aquí nos encontramos con un dato importante: los discípulos no habían demostrado miedo alguno hasta este momento. Es un poco raro pensar que no le tenían miedo a semejante tormenta, pero si a Jesús, se asustaron cuando lo vieron caminar sobre el mar. ¿Por qué se asustarían los discípulos? ¿Tardarían en reconocerlo? ¿Qué les parecería el Señor en ese momento?

Jesús dice: “Yo soy; no tengáis miedo” (v. 20). “YO SOY” es el nombre de Dios (Éxodo 3:14); y Jesús a menudo utiliza esta frase en este Evangelio para decir “Yo Soy el pan de vida” (Jn 6:35), “Yo Soy la luz del mundo” (Jn 8:12), “Yo Soy el buen pastor” (Jn 10:11), etcétera. Aquí, en el caos de estas aguas turbulentas, Jesús se revela en dos niveles; el líder que los discípulos han estado siguiendo, y la presencia de Dios ante ellos. Viene a ayudarles en su momento de aflicción.

La gloria de Jesús no se revela para demostrar poder, sino el cuidado pastoral lleno de gracia que provee. O’Day, 597

Es preciso dar gracias al Señor, ya que cuando nuestro corazón esta en las tormentas de sentimientos o situaciones de la vida, Él se acerca y se manifiesta claramente: Yo Soy.

Culminamos viendo que “ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban” (v. 21) ¡Aquí yace la belleza del Señor! Cuando Él aparece en medio de todo el caos que puede llegar a ser nuestra vida, nos lleva hacia la paz. Si aprendemos a escuchar su voz, Él nos sabrá guiar a la otra orilla.

Gabriel M. Acuña

Publica desde marzo de 2020

Sitio web personal

Argentino. Estudiante de Psicología. Diplomado en liderazgo. Miembro de Fasta. Consigna de vida: "Me basta Tu gracia" (2 Cor 12, 9). Mi fiel amigo: el mate amargo. Cada tanto me gusta reflexionar y escribir, siempre acompañado del fiel amigo. ¡Totus Tuus!