El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamó la Inmaculada Concepción de nuestra Madre, la Santísima Virgen María, la única criatura humana que estuvo siempre protegida de cualquier mancha del pecado original. La Bula de Pío IX, llamada Ineffabilis Deus, declaraba que esto era un dogma, una convicción, una verdad obligatoria para todos aquellos que se reconocieran como católicos, apostólicos, romanos. El Papa Pío hizo imposible también, de este modo, cualquier otra interpretación de la Encarnación de Cristo, quien asumió nuestra condición humana sin dejar de ser Dios. https://www.tolkian.com/relaciones-humanas/diez-de-la-virtudes-mas-importantes-de-la-santisima-virgen-maria/

La doctrina de la Inmaculada Concepción promulgada en la Bula significa que María superó la felicidad de Adán y Eva en el Jardín del Edén. Ellos fueron culpables de pecado, como aconteció, mientras que María Santísima no lo fue jamás. Su libre albedrío no fue debilitado, fue incapaz de cometer pecado alguno, su fortaleza fue perfecta.

María vivió siempre en armonía con la belleza que el Creador le otorgó al darle el ser. En Ella se conjugaron perfectamente la pureza, delicadeza y ternura, con un carácter recio, firme y viril. No sólo Cristo fue excepcional, sino también su Madre, y Madre nuestra, desde el momento en que Jesús dijo desde la cruz: “Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (Juan 19:26-27)

Dios la había elegido como su amada hija desde el principio del tiempo y la había predestinado como madre de su Hijo unigénito. Con su “Hágase” en el momento de la anunciación, nuestra Madre eligió el plan divino. Como estuvo exenta del pecado original su vida fue completamente intachable. La Virgen María, Reina y Señora de todo lo creado, fue así el ser más perfecto después de Jesucristo.

¿Pudo Dios preservar a ciertos ángeles de toda mancha de pecado, y no podía preservar a su propia Madre? ¿Pudo Dios crear a Eva sin mancha de pecado y no iba a poder crear el alma de María sin esa mancha? Y si pudo hacerlo y le convenía hacerlo, ¿por qué no iba a hacerlo? San Anselmo

Duns Scoto, beato, fue un teólogo, filósofo y sacerdote católico escocés perteneciente a la escolástica. Ingresó en la orden franciscana y estudió en Cambridge, Oxford y París; fue profesor en estas dos últimas universidades. Defendió, entre otras cuestiones, la Inmaculada Concepción de María y la autoridad de la Iglesia.

Este, sugirió que la Virgen había sido preservada del pecado desde el momento de su concepción hasta la Redención en la Cruz, cuando ella, al igual que toda la raza humana, había sido salvada. Como perfecto intercesor y perfecto hijo, Jesús difícilmente podría haber dejado de obtener una pureza total para su Madre. Su argumento fue el contrapeso en la posterior controversia que continuó rodeando la doctrina de la Inmaculada Concepción.

A ti, Virgen inmaculada, predestinada por Dios sobre toda otra criatura como abogada de gracia y modelo de santidad para su pueblo, guía tú a sus hijos en la peregrinación de la fe, haciéndolos cada vez más obedientes y fieles a la palabra de Dios. San Juan Pablo II

El dogma de la Inmaculada Concepción llegó a ser un acto de desafío contra el racionalismo de la época, y un baluarte de fe para el creyente. En una era de escepticismo, donde la visión teocéntrica iba mudando a una antropocéntrica, donde las certezas tambaleaban, la Bula papal fue una especie de “aviso” de que la Iglesia permanecía en pie, como la autoridad del Papa, y que la dignidad de la Madre de Dios sería defendida hasta el fin de los tiempos.

Al proclamarse dogma una creencia que había sido furiosamente discutida desde el siglo XII, también se afirmaba la posición del Papa como Pastor de la Iglesia, inspirado por Dios, e implicaba que sólo la Iglesia era la verdadera guía espiritual y no la conciencia individual, como habían mantenido los hombres de la Reforma y sus herederos.

Nuestra Madre purísima nos lleva a la fuente de la Belleza, del Bien y de la Verdad. Ella nos consuela, nos ampara, nos protege, nos defiende y alienta, nos guía, orienta y conduce al Amor.

«¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y de las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María.

Si eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María.

Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.

Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud.

No te extraviarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiende su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara.» San Bernardo

Ella, sin mancha de pecado, Inmaculada, nos acoge bajo su manto. Con Ella vamos seguros por el camino de la vida. ¡No te sueltes de Su mano! ¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.