Reflexionamos sobre las cuatro virtudes cardinales en otro artículo, pero de modo bastante general e introductorio. https://www.tolkian.com/vida-interior/las-virtudes-cardinales-parte-i/ Ahora, nos detendremos en la primera: la Prudencia.

Se dice que la prudencia es la madre de las demás virtudes cardinales, y forma fundamental de estas. Y es así por lo siguiente: la realización del bien presupone el conocimiento de la realidad. Dice santo Tomás que lo primero que se espera de quien obra es que sepa. Quien no sabe cómo son realmente las cosas tampoco puede obrar el bien, porque el bien es lo conforme a la realidad. Este saber que nombramos refiere al contacto real con la realidad. Por la prudencia, el conocimiento objetivo de lo real se trasforma en la medida de la acción. Saber significa que la realidad se vuelve luminosa y clara en el espíritu humano.

Hijo mío, conserva el buen juicio; no pierdas de vista la discreción. Te serán fuente de vida, te adornarán como un collar. Proverbios 3:21-22

Dice Pieper que el prudente dirige su mirada en dos direcciones: por un lado, lo hace hacia la realidad de las cosas, objetiva; por otro hacia su querer y su obrar. Pero sobre todo mira a la realidad y, en virtud y en razón del conocimiento de la realidad, determina lo que hay que hacer y lo que no, y cómo debe hacerse y cómo no debe hacerse. Así, toda virtud depende verdaderamente de la prudencia. Ejemplo: cuando los peatones esperan que la luz del semáforo indique que pueden pasar con tranquilidad, o esperar el momento oportuno para hacer una corrección fraterna a alguien.

La prudencia es concebida como sinónimo de sensatez, de buen juicio. Para ser prudentes, además de pedirlo al Señor, debemos hacer silencio interior y ponernos frente a la realidad. Debemos contemplar, para poder bien obrar.

Sin la prudencia, que es como la sal, la mejor virtud se convierte en vicio. Fábulas Camperas, Padre Leonardo Castellani

Ahora bien, quien solo se mira a sí mismo, y no se detiene ante lo real, no deja que la verdad de las cosas lo interpele, sorprenda y limite; y no puede ser justo, ni fuerte ni templado. Paul Claudel nombra la prudencia como proa inteligente de nuestro ser, que en la multiplicidad de lo finito navega hacia la plenitud.

Sin prudencia no podemos tomar decisiones de forma óptima, no podemos juzgar adecuadamente una realidad, no podemos conocer bien a las personas. La persona prudente es aquella que reflexiona sobre las consecuencias de sus actos antes de realizarlos. Algunas prácticas para ejercitar la virtud de la prudencia (siempre encomendados a Dios, pidiéndole a Él la gracia) serían:

1)      No actuar por puro impulso. Tomarse tiempo para deliberar decisiones importantes; un tiempo responsable.

2)      Ante una situación determinada, hacer un análisis lo más global posible e ir luego a lo particular. Tratar de aportar otras miradas.

3)      Reflexionar y aprender de experiencias pasadas.

4)      Dedicar tiempo a conocer la belleza personal dada por el Divino Artista, y hacerlo en profundidad.

5)      Valorar la belleza de andar sin prisa, y su importancia para esta virtud.

6)      Cuidarse de preguntas indiscretas a los demás, y de intentar abrir su intimidad.

7)      Pedir consejo y ayuda a alguien con experiencia.

Aquellos que viven prudentemente llevan la belleza cristiana a donde quiera que vayan, y protegen su corazón, y el de los demás, de sufrimientos evitables. El que quiera ser prudente debe anhelar tener la mirada de Dios.  ¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.