Muchas veces tenemos distorsionado el concepto de virtud, y la entendemos como un yugo externo que se nos impone para que seamos mejores, pero no es eso. La virtud no es un deber extrínseco, que viene desde fuera. El hombre (varón y mujer) virtuoso, es recto y realiza el bien por íntima inclinación. La virtud embellece el alma de quien la posee, y se manifiesta incluso en el rostro. La auténtica belleza de una persona, son sus virtudes.

Para comprender este tema, iremos haciendo un acercamiento progresivo, de la mano de Josef Pieper, uno de los pensadores católicos más influyentes del siglo xx, autoritativo en la filosofía de santo Tomás de Aquino. Estudió Filosofía, Derecho y Sociología.

Dice Pieper, en su libro Tratado sobre las virtudes, que virtud no significa “probidad” (moralidad, integridad) y “honradez” de una acción u omisión aisladas. Al contrario, virtud significa que el hombre es recto, tanto sobrenatural como naturalmente. La virtud es, como dice Santo Tomás, lo máximo que un hombre puede llegar a ser, tanto en el ámbito de lo natural como de lo sobrenatural. Entonces, el hombre virtuoso es de tal manera que realiza el bien por una íntima y esencial inclinación.

Las virtudes guardan un orden jerárquico, y esto por una razón (la cual iremos desarrollando en artículos posteriores). Por ejemplo, la virtud primera y distintiva del cristiano, es el amor sobrenatural a Dios y a su prójimo. Las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, se complementan y son en su conjunto superiores a las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza (de las cuales se derivan todas las demás). La palabra cardinal tiene su origen en el latín, y significa principal o fundamental. 

Ámase por deleite a la belleza, y a la virtud, por soberana alteza. Dante Alighieri

Las expondremos brevemente, a modo de introducción, y recordemos que están entretejidas:

  • Prudencia: permite conocer la realidad, lo cual nos permite obrar bien. Quien no sabe cómo son realmente las cosas, tampoco puede obrar el bien, porque el bien es conforme a la realidad. Aristóteles define la prudencia como aquella disposición que le permite al hombre discurrir bien respecto de lo que es bueno y conveniente para él mismo. Es fundamento de las demás, en tanto funda la posibilidad real de ser bueno.
  • Justicia: es la capacidad de vivir en la verdad, con el otro. Sólo una persona objetiva es justa; falta de objetividad equivale a injusticia. La justicia constituye la forma más elevada y propia de este ser bueno, fruto de la prudencia. La realización de esta virtud es una tarea del hombre en cuanto ser social. Es la plenitud de ser del nosotros.
  • Fortaleza: es la disposición de aceptar las heridas en aras de la realización del bien. Sólo se da la fortaleza como virtud cuando se quiere la justicia. Da fuerza al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse ante el miedo ni el temor a la muerte (pero no es lo mismo ser temerario que ser fuerte).
  • Templanza: el deseo natural puede volverse destructivo. A diferencia de la fortaleza que, al movernos al verdadero bien nos hace superar las dificultades y obstáculos que nos separan del mismo, la virtud de la templanza nos permite gozar de los placeres sensibles de una manera ordenada y adecuada, sin desviarnos, por tanto, de nuestro fin, la verdadera felicidad.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable; si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. Filipenses 4:8

Las virtudes se entrelazan, están en armonía. Lo importante es pedir gracia al Señor para que crezcan y maduren en nosotros, conocerlas y poner los medios necesarios. Poner de nosotros, dar nuestro sí al Divino Artista.¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.