Dante Alighieri nos narra en el canto IV de la primera parte de la Divina Comedia que en el primer círculo del Infierno se encuentra el Limbo, lugar al que van todos los no bautizados y los que no adoraron adecuadamente a Dios antes de la venida de Cristo.

Pone Dante en la boca de Virgilio las siguientes palabras:

-No pecaron, y si tienen méritos, no bastan, por la falta de bautismo, que es puerta de la fe en que tú crees; si antes del cristianismo ellos vivieron, no adoraron a Dios debidamente; y yo mismo soy parte de estos últimos.

Resulta sin embargo curioso que Dante afirme tajantemente que “no pecaron”, cosa que, tomada literalmente, resulta imposible en todo ser posterior a los tiempos de Adán y Eva.

Aún así, esta presentación de mucha belleza que nos da Dante de los paganos nos plantea una cuestión muy interesante: ¿Puede un pagano ir al Cielo si está imposibilitado de conocer a Jesús y a su Iglesia? 

En pocas palabras: sí. Sin embargo es un asunto, cuanto menos, complejo.

Técnicamente es posible dado que, estando vedado del conocimiento necesario para saber y entender quién es Jesús y cuál es su Iglesia verdadera, queda como único recurso posible de llevar una vida ordenada según la Voluntad Divina, la ley natural, esto es, la participación de la ley divina en la creatura racional.

Por tanto, un pagano podría llegar al Cielo desde esta perspectiva si sigue los designios que están en su interior, esto es, los preceptos fundamentales de la ley natural antes mencionada (Ej: hacer el bien, evitar el mal, honrar a Dios, etc…).

Pero claro, esta moral natural es muy propensa a desviaciones, cosa que orienta la Doctrina y la Revelación, ambos elementos que los paganos no tienen (al menos en el caso de aquellos que no conocieron ni a los judíos ni a los cristianos).

Sin embargo no es ésta la cuestión a tratar en este artículo. Relacionado con el tema de la moral natural podemos plantear otra cuestión: que el hombre tiene en su naturaleza inscripto el designio divino.

El hombre viene de Dios. Por tanto, toda su vida se basa, consciente o inconscientemente, en un “retornar” a Él.

El corazón humano no está hecho de mentiras, sino que obtiene sabiduría del único que es Sabio, y al que todavía invoca. Aunque ahora hace ya tiempo exiliado el hombre no está completamente perdido ni del todo ha cambiado. Puede que lo acose la desgracia, pero no ha sido destronado aún, y lleva los harapos del señorío que poseyó.

J.R.R.Tolkien, Mitopoeia

En el caso de los cristianos ese retorno culmina en una Persona; en el caso de los paganos, en un ideal abstracto, a veces más acercado al verdadero fin del hombre, a veces más alejado. Pero sea cual sea el caso o los medios utilizados, todo hombre busca lo mismo: la felicidad, cuyo fundamento último es Cristo mismo.

Entonces, tiene un creyente más en común con un pagano o con un ateo de lo que podría imaginar. Nadie “cree por no creer” o “porque sí”. Lo hace en una decisión (sea o no correcta) en la que cree firmemente que aquello en lo que cree y sobre lo cual edifica su vida puede llevarlo a la felicidad que tanto ansía.

Nadie elige el mal por el mal mismo sino en tanto que éste se le presente a su naturaleza como un bien aparente.

Y hay una demostración muy concreta en que esto se manifiesta en la vida de todos los pueblos: los mitosNo hay pueblo sin religión ni religión que no tenga su causa primera en las percepciones de un pueblo concreto.

En palabras de Tolkien, todo hombre es por naturaleza un subcreador y todo subcreador encuentra su más excelsa manifestación en las historias, las narraciones, y eso es justamente lo que significa “mito” (μύθος) en griego: “narración”, “relato”.

Los mitos son, para el pagano, la historia o relato de aquellos hechos adornados con la belleza de la palabra que son el fundamento primero y último de su realidad. Es una suerte de “Revelación humana”, inmanente a la propia imaginación, que inventa el sentido del mundo que no logra encontrar por otro medio.

Sin embargo el hombre no puede jamás creer adrede algo que es inventado por el hombre.

Aunque sea inventada, siempre una verdad mítica es atribuida a fuerzas o seres que están por encima del hombre (por ejemplo. las Musas en la creencia griega) que lo inspiran a componer aquello que está por narrar, como en una suerte de “éxtasis” divino.

Háblame, Musa, de aquel varón ingenioso que anduvo errante largo tiempo, después de haber destruido la sagrada ciudad de Troya; que vio los pueblos y conoció las costumbres de muchos hombres, y sufrió en su corazón muchas penas, sobre el mar, luchando por su vida y la vuelta de sus compañeros.

Homero, Odisea

Es una “mitopoeia”, volviendo a Tolkien. Es una “poiesis” (ποίησις = “creación”) de “mitos”.

Es ésta una realidad fundamental del hombre: busca la verdad, y si no la encuentra, la inventa. La segunda actividad es más frecuente que la primera y está subordinada a ella.

Lo primero que aquellos primitivos hombres pensaron al contemplar los fenómenos característicos de una tormenta eléctrica no fue una inquisición científica (pocos conocimientos técnicos poseían entonces).

Fue, en cambio, una reflexión filosófica, que culminó incluso en lo que podría entenderse como una postulación teológica. Pusieron nombre a ese fenómeno y le dieron un origen: “Zeus está enojado”. Tanto los dioses, como los mitos en los que se encuentran, son como un espejo roto por el pecado en el que cada uno desde su lugar y circunstancias únicas reflejan un aspecto o propiedad de la Verdad plena, el Dios verdadero.

Hombre, sub-creador, la luz refractada a través de quien se astilla un único Blanco en numerosos tintes que se combinan sin fin en formas vivientes que van de mente en mente.

J.R.R.Tolkien, Mitopoeia

Esta es, por tanto, la realidad fundamental de los mitos: tienen “semillas” de verdad.

Cierto, no existe Zeus. Sin embargo existe un Rey en los Cielos. No existe Ares, pero bien cierto es que la ira divina es cosa de temer. No existe Artemisa, pero hay un ser que no sólo es sabio, sino que es la Sabiduría en sí misma. Tampoco existe un Olimpo, pero sí hay un sitio en donde las almas luego de la muerte reposan, y aunque no exista Tártaro siempre existirá un Infierno.

Para todo mito pagano ficticio hay una realidad verdadera y trascendente que lo lleva a su plenitud, como siempre hay un vaso de agua que sacia la sed de la esponja.

Esta es la realidad íntima del hombre: tenemos sed de Dios, y Él tiene sed de que nosotros tengamos sed de Él.

Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.

San Agustín de Hipona, Confesiones

Es por esto que siempre es un gran placer leer a los paganos.

No sabemos qué habrá sido de ellos, pues dogmáticamente no existe aquel Limbo que Dante había imaginado.

Pero es grato siempre conocer historias de gran belleza como de la ira de Aquiles, la tragedia de Edipo y el viaje de Odiseo. Tal vez no sean verdad, es cierto, y tal vez vengan de culturas cuya moral y costumbres hoy nos extrañan y, muchas veces, repelen moralmente.

Pero aún así son, para nosotros, “mentiras consentidas”, y en toda mentira hay algo de verdad, y en toda verdad hay siempre algo de misterio.

Toda realidad es paradojal, nuestro intelecto siempre cree poder saberlo todo y siempre se sorprende, como un niño que no aprende, al darse cuenta que no lo logra. Seguro muchos paganos se condenaron, seguro muchos de ellos se salvaron.

Tal vez Santo Tomás pueda charlar con Aristóteles. tal vez Virgilio comparta poemas con San Juan de la Cruz… Sobre nada de eso tenemos potestad nosotros para afirmar o negar.

Sólo sabemos que la Redención no se restringió a un sólo grupo de personas sino que se abrió a toda la humanidad que la hubiera, dentro de sus posibilidades, esperado y, en último término, aceptado.

Y además, ¿quién sabe? Del mismo modo que por medio de la fantasía logramos apreciar más la realidad que nos rodea, tal vez del mismo modo podamos usar los mitos para renovar nuestro asombro ante el inmenso valor de la Verdad que nos ha sido revelada.

Quizá en el Paraíso el ojo se extravíe al contemplar el Día imperecedero para ver el día iluminado, y renovar de la verdad reflejada la imagen de la Verdad.

J.R.R.Tolkien, Mitopoeia

¿Qué hubiera sido de nosotros sin ella? Tal vez seguiríamos realizando sacrificios caníbales o cazándonos entre sí como bestias incivilizadas. Gran valor tiene por esto la llegada de Colón, que nos trajo consigo a la Iglesia Verdadera. Pero esa ya es otra historia…

Thiago Rodríguez Harispe

Publica desde febrero de 2022

Aunque la aventura sea loca, intento mantenerme cuerdo. Argentino. Intento poner mi corazón en las cosas de Dios. Cada tanto salgo de mi agujero hobbit y escribo cosas.